Decidir no decidir

Decidir no decidir

May 12

No decidir es en sí una decisión, porque estamos decidiendo que dejaremos que las cosas pasen sin nuestra intervención. En razón de que estamos enfrentados diariamente con muchas decisiones (¿dónde comer?, ¿qué vestir?, ¿a qué banco voy?, ¿qué seguro contrato?, ¿qué vehículo compro?), no tenemos tiempo ni recursos para tomar todas las decisiones y, a veces, decidimos no decidir.

Consciente de esta situación, el Estado toma decisiones por nosotros a diario y nos da la oportunidad de, en caso de que queramos decidir, poder hacerlo. Por ejemplo, cuando comenzamos a trabajar en un lugar nos asignan un seguro de salud para en caso de que no queramos decidir ya tengamos uno y en caso de que sí queramos decidir pues poder elegir otro. Asimismo, en algunos países las personas son automáticamente donantes de órganos y en caso de que decidan que no quieren serlo, pueden hacerlo constar; o por el contrario, no son donantes de órganos y en caso de que quieran serlo, deben hacerlo constar. Se toma una decisión base por ellos, que puede ser luego cambiada.

Sin embargo, hay situaciones en las que nos obligan a decidir, sin la oportunidad de decidir no decidir. Hay autores que plantean que esa postura estatal de obligar a sus ciudadanos a elegir necesariamente entre opciones puede resultar paternalista, y de hecho costosa para los ciudadanos y el Estado, por lo que en algunos casos es necesario mantener esa posibilidad de no decidir.

Soy partidaria de la libertad de elección. No obstante admito y estoy de acuerdo con que decidir tiene un costo y que no siempre podemos decidir -por asunto de recursos y conocimiento-, por lo que resulta eficiente que otra persona/institución con mayores conocimientos, con más datos e información que nosotros sobre el tema de que se trate, pueda tomar una decisión inicial y darnos la opción de poder cambiarla en caso de que decidamos dedicar nuestros recursos a instruirnos sobre el tema. Así pues, por ejemplo, estoy de acuerdo con que la opción inicial sea ser donante de órganos, y que si me importa lo suficiente como para no serlo, tenga la opción de salirme. Que, si ya se investigó que eso es más beneficioso para la generalidad, haya un seguro de salud desde el inicio, y que luego me den la opción de salirme del sistema de la seguridad social o bien de cambiar del seguro, si así lo considero. En conclusión, es importante que nos permitan decidir no decidir.

Para profundizar más sobre el tema, les invito a leer este trabajo por Cass Sustein titulado “Choosing Not to Choose“.