Put a ring on it?

Put a ring on it?

Ago 04
Put a ring on it?

Las conductas humanas repetidas de persona en persona y en la misma situación usualmente las llamamos costumbres; y cuando pasan de generación en generación las conocemos como tradiciones. Esas costumbres y tradiciones tienen su origen en una cadena de decisiones y eventos que tal vez desconocemos al momento en que nos hacemos parte de las mismas.

En la cultura occidental existe la costumbre, cada vez más extendida, de que el hombre le pida a su pareja que se casen ofreciéndole un anillo de compromiso. La mujer, si acepta, portará este anillo como un símbolo para la sociedad en su conjunto de que está comprometida para casarse, sin necesidad de transmitir un mensaje verbal.

¿Cuál es la historia detrás de esta costumbre?[1] Lamento informarles que no se trata de un motivo romántico de antaño. El anillo de compromiso tiene un origen económico, muy relacionado con la ejecución de los contratos. La historia va así:

En Estados Unidos existía una acción legal con la cual la mujer podía demandar al hombre en daños y perjuicios cuando rompía el compromiso. La acción se llamaba “Breach of promise to marry” (en español, “incumplimiento de la promesa de casarse”). ¿Por qué y para qué existía esa acción legal?

La virginidad de la mujer era (¿es?[2]) un bien altamente valorado. Por tanto, el hecho de perder la  virginidad -o de que se percibiera que se había perdido- disminuía considerablemente el valor de una mujer en el mercado, y consecuentemente se reducían sus posibilidades de casarse.

En el momento era costumbre y se asumía que la mujer se mantenía virgen hasta el matrimonio. Sin embargo, no era del todo mal visto que después de comprometida para casarse, tuviera relaciones sexuales con su futuro esposo.

Así que, si después de haberse comprometido el hombre rompía el compromiso, la mujer se veía en una situación muy desventajosa frente a la sociedad, porque su condición de mercancía nueva y sin defectos ya se veía cuestionada para fines de futura adquisición matrimonio. Y bueno, ¿qué sería de una mujer en aquel tiempo si nadie la quería en matrimonio?

A raíz de esa situación, se creó la acción legal que mencionaba, para que la mujer pudiera obtener compensación económica por la oportunidad perdida, lucro cesante, daños a su honor y su futuro. Al existir la posibilidad de esta acción que protegía la inversión de la mujer, los hombres se veían obligados a hacer un análisis costo-beneficio en cuanto a las consecuencias económicas que tendría para su patrimonio incumplir ese compromiso versus continuar con el matrimonio y cumplir el contrato ya acordado.

Sin embargo, a partir del año 1935, esta ley comenzó a ser derogada en cada estado de Estados Unidos, dejando a las mujeres sin una forma de constreñir la ejecución del contrato y sin forma de obtener una compensación por los daños causados en caso de incumplimiento del mismo.

Cuando entramos en un contrato debemos aseguramos de incentivar a la otra persona a cumplir el contrato, o en su defecto, desincentivar su incumplimiento. En un contrato debe existir una obligación de ambas partes (una da y otra paga, por ejemplo) y deben, idealmente, existir condiciones que sancionen o castiguen el incumplimiento, de forma que resulte más costoso incumplir que cumplir. La teoría del costo del incumplimiento de los contratos ha sido examinada extensivamente por la doctrina especializada en análisis económico del derecho, y explica que: “cuando el contrato solo afecta a las partes involucradas, la responsabilidad civil por daños causados por expectativas legítimas no cumplidas, le da a quien promete incentivos eficientes bien sea para cumplir o para incumplir”[3].

Así es que con la eliminación de la acción legal de indemnización por incumplimiento con la promesa de casarse, se eliminó la protección que daba el Estado a la mujer, y se redujo considerablemente el costo del incumplimiento de la promesa por parte del hombre.

Como consecuencia, esto comenzó a afectar el comportamiento de las mujeres en cuanto a sus relaciones y el compromiso para casarse. La confianza en la ejecución de la promesa por parte del hombre se fue reduciendo. Esto, a su vez, colocó a los hombres en la necesidad de buscar algo que pudiera volver a crear confianza en la mujer en cuanto a la intención del hombre con respecto al futuro de la relación. Su palabra, parece, no iba a ser suficiente.

Así es como los hombres comenzaron a utilizar el anillo de compromiso como una garantía. Es decir, si el hombre daba una garantía de un precio considerable, ya la mujer podía considerar eso como un incentivo positivo para el hombre cumplir con la promesa dada, porque, de romper esa promesa, perdería lo que haya invertido en el anillo y, simultáneamente, la mujer quedaría “compensada”.

¿Por qué un anillo de compromiso y no, digamos, una vaca? Pues ya esto responde a situaciones comerciales y económicas que se desarrollaron más o menos al mismo tiempo en que se produjo la eliminación de esta norma. La industria del diamante estaba experimentando un periodo de baja en sus ventas, teniendo mucha producción, y de alguna manera aprovechó la coyuntura para mercadear su producto como ese bien que podía recuperar la confianza perdida en la palabra del hombre.[4] Es así como comenzaron entonces a presentar los diamantes, y luego los anillos de diamantes, como el obsequio ideal, introduciéndolo, ágilmente, a través de las películas de la época, presentando a las estrellas de cine recibiendo y utilizando el nuevo accesorio.

Muy pocas personas conocen -ya ahora nosotros sí-, el origen de lo que se convirtió en una costumbre y una tradición.

En lugar de una garantía económica y de indemnización para el cumplimiento de un contrato, se ha convertido en un símbolo para la sociedad y para la pareja del estatus civil que será adquirido en el futuro cercano por su portadora, y por qué no, de expectativa cumplimiento mutuo de una promesa. Ya esa costumbre es una norma, no económica, sino social, comúnmente aceptada, requerida y esperada para las parejas dar inicio a una nueva etapa de sus vidas.

¿Qué creen ustedes del origen de esta costumbre? ¿Por qué piensan que aún se mantiene?

 

Renny R.

 

[1] Este artículo está basado en el estudio realizado por Margaret F. Brinig sobre el tema. Para profundizar y conocer la data, les sugiero consultar: Margaret F. Brinig. Journal of Law, Economics & Organization. Vol. 6, No. 1 (Spring, 1990), pp. 203-215. Oxford University Press. Puede ser bajado de: http://homes.chass.utoronto.ca/~siow/332/rings.pdf

[2] Dependiendo de las creencias religiosas, culturales, sociales y personales.

[3] Cooter, R. and Ullen, T. Law and Eonomics. Chapter 8: An Economic Theory of Contract Law. Pearson Series in Economics. 6th Edition. 2012. Pág. 290.

[4] Koskoff, David. E. The Diamond World. New York. Harper & Row. 1981.

 

  • Darwin Smith

    Inercia.

    • Máximo Martínez

      Inercia? Please elaborate…